martes, 12 de marzo de 2013

Día 29- Inside!

Después de muchas experiencias que bien ameritaban una entrada pero que sólo me dejaron la energía necesaria para tomarme una chela y vegetar en el hostel en turno (donde nunca falta el aburrido que te empieza a contar su vida justo al inicio del párrafo), por fin me propuse publicar algo.

Todo empezó con los siete gatos sentados en la balsa mientras el guía nos explicaba, a manera de aeromoza, cómo remar (y la balsa giraba sobre su propio eje) o qué hacer en caso de caer al agua.

El Río Manso nace en un glaciar y corre hasta el Pacífico, así que el agua estaba terriblemente fría. Había rocas por todas partes y no faltaba el árbol que asomaba sus ramas como por joder y entretenerse un rato. Pero a pesar del pánico insertado, nadie se cayó de la balsa.

Cada rápido se veía más imponente que el anterior, y en el agua se formaban remolinos y caídas que inclinaban la balsa y la hacían saltar hacia todas partes.

Cuando las cosas se ponían feas (en un momento chocamos contra una roca que estaba justo de mi lado, y gracias al cielo que el agua es potable), el guía gritaba “inside!” y todos brincábamos como desesperados dentro de la balsa. Y era entre aterrador y ridículo (y mi traje de neopreno tenía un hoyo justo en la nalga), pero igual era nuestro momento de mayor coordinación.

Cuando las cosas se calmaban un poco nos tirábamos al agua y nos dejábamos llevar por la corriente, nos envolvían un cañón lleno de árboles y un cielo muy azul.

El recorrido terminaba en Chile y al llegar al final daban ganas de volver a empezar, pero igual estábamos cansados y muertos de frío así que mejor nos tomamos una chela todos juntos. Y todos eran re amenos.

Nota: Como no iba a perder el tiempo preocupándome por mi cámara y esto se ve muy pinche sin foto, les dejo una del glaciar donde nace el Río Manso.

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