miércoles, 27 de febrero de 2013

Día 17- Simplicidad

Sin importar cuán majestuosa sea, a veces la naturaleza parece tan simple...

Hay momentos en que algo se detiene dentro de nosotros y, por mucho que nos hayamos alejado de la realidad, nos damos cuenta (o más bien presentimos) que los lagos, las montañas y los glaciares están también en nuestro interior, que pertenecemos a la tierra.

Ésta es la realidad, no los supermercados, ni las fábricas, ni el destructivo juego de trabajo y consumo (en el mejor de los casos) que nos hemos tomado tan en serio. La realidad es el viento, los pingüinos, el hermoso glaciar Perito Moreno que de alguna manera ha sobrevivido a nuestra inconsciencia y que hoy conocí: mi primer glaciar y con él la inspiración, la absoluta simplicidad.

El camino hacia el glaciar está lleno de lagos de un azul blanquecino (y ni domingo es), casi metálico. A cada vuelta nos esperaba una sorpresa: un lago más, montañas nevadas, nubes que casi puedes tocar y, al final, el Pepito.

Había oído tantas historias y visto tantas fotos que casi dudé que me impresionara (¡ilusa!) pero por poco me caigo de espaldas, por poco se me salen las lágrimas. Es uno de los lugares más lindos que he visto, está lleno de vida y es un escandaloso: cualquier hielito que cae desata un concierto de truenos y crujidos.

Lo mejor fue que tuve tiempo de subir y bajar por las pasarelas tomándome unas auto fotos horrendas ante las miradas de montones de franceses, pero también tuve tiempo de sentarme a verlo y nada más.

¡Mañana voy a caminar sobre él!



viernes, 22 de febrero de 2013

Día 12- El viento viene, el viento se va

Dicen que en la Península de Valdés es más probable ver una orca que tener un día de lluvia, pero yo siempre he sido una mujer con suerte.

La historia comienza a las 5 de la mañana, cuando la dueña del hostel llegó borracha y hablando a gritos, ella muy profesional. Desde ahí no pude dormir mucho.

A las 10 pasaron por mí para ir a recorrer la península. Primero fuimos a Punta Norte, el lugar donde se reproducen los lobos marinos y, de vez en cuando, se ven las orcas, pero no hoy.

Después de un rato de ver cómo jugaban los bebés y soñar con que una orca llegara a devorárselos, seguimos nuestro camino por Caleta Valdés y llegamos a Punta Cantor, donde hacía un frío espantoso pero el paisaje estaba lindo y había unos cuantos elefantes marinos.

También vimos un grupo de pingüinos que pasaban el tiempo rascándose, caminando por ahí o agarrándose a las palabras en su discordia por alguna cuevita.

La camioneta se patinaba en el lodo pero llegamos sanos y salvos a Puerto Pirámides, que hasta ayer era una playa paradisiaca llena de gente, kayaks y hasta pingüinos nadando, y hoy es un mar agitado, frío y sin un alma.

Aunque ya tenía el traje de baño listo, al final no me quedó más que meterme a mi cama (¡son las 5 de la tarde!) a luchar con el frío y el internet que, como el viento, viene y se va. El pueblo está muerto y estoy un poco sin saber qué hacer.

Mañana me voy de regreso a Puerto Madryn, parece que queda mal clima para rato.

lunes, 11 de febrero de 2013

Día 1- El cajero automático

Anoche llegué a Buenos Aires después de un año de espera y estoy feliz a pesar de la mochila ROTA (sí, así como lo leen), los cajeros inservibles y la consecuente falta de dinero, la mujer que se desmayó en el camión, el hotel que sobrepasaba mi presupuesto y el hostel que sobrepasa mi capacidad de tolerancia al arrabal, los enchufes de tres clavijas, el rastudo espantoso que insiste en hablarme en no sé qué idioma, los mosquitos y, por supuesto, los imprevistos días festivos que me impiden resolver casi todas las anteriores.

"No sé con que fuerza me zafé de sus brazos" y el miedo no desapareció al tocar tierra como ilusamente había creído, es hasta ahora que descubro que el verdadero reto no fue el año de encuentros y desencuentros que recién dejé atrás, mi verdadero reto empieza hoy.

Merece una mención honorífica la puerta del cajero que se cerró misteriosamente tras de mí y, por supuesto, mi argentino favorito que se detuvo a liberarme (a patadas) de mi pecera urbana.

¡Qué viva Buenos Aires! Estos argentinos son mucho más amables y sencishitos de lo que dice su reputación :)