Dicen que en la Península de Valdés es más probable ver una orca que tener un día de lluvia, pero yo siempre he sido una mujer con suerte.
La historia comienza a las 5 de la mañana, cuando la dueña del hostel llegó borracha y hablando a gritos, ella muy profesional. Desde ahí no pude dormir mucho.
A las 10 pasaron por mí para ir a recorrer la península. Primero fuimos a Punta Norte, el lugar donde se reproducen los lobos marinos y, de vez en cuando, se ven las orcas, pero no hoy.
Después de un rato de ver cómo jugaban los bebés y soñar con que una orca llegara a devorárselos, seguimos nuestro camino por Caleta Valdés y llegamos a Punta Cantor, donde hacía un frío espantoso pero el paisaje estaba lindo y había unos cuantos elefantes marinos.
También vimos un grupo de pingüinos que pasaban el tiempo rascándose, caminando por ahí o agarrándose a las palabras en su discordia por alguna cuevita.
La camioneta se patinaba en el lodo pero llegamos sanos y salvos a Puerto Pirámides, que hasta ayer era una playa paradisiaca llena de gente, kayaks y hasta pingüinos nadando, y hoy es un mar agitado, frío y sin un alma.
Aunque ya tenía el traje de baño listo, al final no me quedó más que meterme a mi cama (¡son las 5 de la tarde!) a luchar con el frío y el internet que, como el viento, viene y se va. El pueblo está muerto y estoy un poco sin saber qué hacer.
Mañana me voy de regreso a Puerto Madryn, parece que queda mal clima para rato.

AAAyy hasta el pingüino parece tener frío! Te extraño pez!
ResponderEliminar