viernes, 17 de febrero de 2012

Aquí no es Buenos Aires


Ésta debería ser mi primera mañana en Buenos Aires. Hora de despabilarse y recorrer las calles de San Telmo con un libro de Borges en la bolsa y el sabor de un buen mate porteño en los labios… ¡El primero de 180 días de viaje! Pero aquí no es Buenos Aires, con trabajos alcanza a ser Guadalajara.

No podía faltar la mala broma del doctor: “-si quiere me voy al viaje en su lugar“. Y mi cara de no rotundo, de mentada de madre contenida. Resulta que tengo desgastado el cartílago de la rodilla izquierda y, según él, lo mejor sería una operación. Nostalgia de una masa gelatinosa cuya existencia ignoraba, de todo lo que pude hacer con ella ¿y qué va a ser de mí en la Cordillera Blanca de los Andes?

La resonancia magnética, el cuarto de hospital, el pinche suerito, las venas impregnadas de Dolac (por demás innecesario) y la esperanza de escuchar el disparo que me autorice a correr y empacar. Pero no.

Como buena treintona abraza árboles, estoy en contra de la operación. Así que a reposar, tomar desinflamatorios y rehabilitarse compulsivamente con la esperanza de estar bien en un mes. Tal vez sea demasiado optimista, y es que cada día en la cama es un día menos en el camino.

Hasta ahora mi mayor esperanza ha sido un “quiropráctico” que se burló de mi resonancia magnética y, en sólo 5 minutos, me ahorró un mes de rehabilitación. Pero aun así queda mucho camino por recorrer.

Sólo me queda pensar en éste como el primer capítulo de mi gran aventura sudamericana y confiar en que el momento llegará cuando deba llegar. Como dice la rolita de All you need is love: there’s nowhere you can be that isn’t where you’re meant to be.

Por ahí me recomiendan que lea a Rulfo y me coma unas jericallas.

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